martes, 29 de julio de 2014

Estás acabada...

Ni "hola muy buenas", ni presentaciones, ni nada. Si os soy sincera, mi cajita de ensueño se está haciendo trizas últimamente. Sí... ya no queda lugar para el optimismo en ella... Solo hay vacío. Y como no, el vacío es causado por la triste soledad...

Eh aquí una triste soñadora de palabras melancólicas. Siempre he intentado ser optimista, pero hay veces en la vida en las que una ya no puede seguir siéndolo. Intentas seguir adelante, quieres salir de ese oscuro pozo sin fondo de desesperación que te va engullendo poco a poco... Pero no puedes, claro que no. Estás tan acabada que te da igual sumirte en el la desesperación, te da igual todo. Y cuando te das cuenta, ya estás dentro de ese pozo, encogida en un rincón y buscando refugio en el dolor y la oscuridad. Bah, qué depresivo, ¿no? Pero la realidad es así. El mundo me hace ser así. La soledad me ha hecho ser así.
Antes igual habría sido una patética ignorante llena de inocencia, que se apiadaría de todos y de todo. Pero ahora no. Ya no. Es tarde. Cuando el mundo te hace daño, cuando te hiere en lo más hondo, cuando te deja sola con la única compañía que supone la soledad, entonces empiezas a cambiar. No te das cuenta, no te percatas de ello, pero cambias. Ya no ves el mundo con esos ojitos despreocupados e inocentes. Lo ves todo bajo un manto invisible de odio y desengaño. Ya no te comportas igual con las personas, porque cuando a una persona le hacen daño continuamente, esa persona acaba por hacer daño a la gente también. La vida es así... Y es algo triste. Pero... ¿quién estuvo allí todos esos días en los que me moría por dentro poco a poco y me sumía en la tristeza? ¿Quién se ocupó de curar las heridas que me dejó la crueldad humana? ¿Quién se percató de mis débiles lágrimas? Nadie. Nada. Y duele, pero es la verdad.
El dolor endurece corazones y mata esperanzas. Y claro, una idiota como yo llena de esperanza muere después de pasar por lo que ha pasado. Sí, soy una muerta errante, ni la sombra de lo que era, me doy pena.
Mi cajita de ensueño está vacía y sucia. Aunque puede que algún día alguien vuelva a abrirla y rescate del polvo los pocos sueños que me quedan y a los que me aferro constantemente. Pero por ahora mi cajita de ensueño... Bueno... Está tan acabada como yo.

Carol.