jueves, 15 de diciembre de 2016

Lo verás

No, no te voy a negar que estoy nerviosa y hasta las narices de todo este movimiento de represión a manos de los cobardes. Esto está tomando tintes bélicos, me parece a mí, porque no me importaría empezar una guerra contra tu cobardía, aquella que aunque te lleve a pasarnos el filtro en todo cuanto quieres, irónicamente, acrecienta nuestras ganas de saber más y entrar en lo desconocido. Si tu propósito en lo que te queda de vida es negarnos una y otra vez la capacidad de sentirnos seres inteligentes con el don de decir cosas coherentes; si lo que más ansías es tenernos metidas en un cuadrado diminuto, precintado con toda tu religión y espiritualidad; si eres tan cobarde y egoísta que te niegas a superar tus propios miedos, inculcándonoslos a nosotras de manera sutil y con palabras de salvador; entonces, te tengo que decir que estás fracasando estrepitosamente.


Porque hoy me atas las alas y me llenas de miedos. Pero mañana, cuando te des cuenta de que tus palabras son solo ruidos sordos, cuando admitas que sigues teniendo tanto miedo como un niño de parvulario en medio de la vida, cuando me veas volar a lo lejos siguiendo con total convicción aquello que tú siempre subestimaste y que constituye la brújula de mi vida, lo aceptarás, me aceptarás.

lunes, 21 de noviembre de 2016

RELIGIONES

Religiones, creadas para encontrar sentido, refugio, amor, paz y valor. Religiones, con sus seguidores y la gente que va en su contra, con sus representantes y sus dogmas. Religiones, el proyecto más talentoso y a la vez peor aprovechado del ser humano. Religiones, que por el simple hecho de serlo, eclipsan su propio fondo, nublan sus intenciones, olvidan sus pilares. Religiones, la carta de presentación de unos cuantos que desagrada a otros muchos. Religiones, llenas de variedad y de sensibilidad que quedan en un segundo plano por ser eso, religiones.
Religiones, creadas para unir y usadas para separar.

domingo, 2 de octubre de 2016

Me gusta escribir

Me gusta escribir, y me mirarán raro, e intentarán entenderme, sin éxito, pero me gusta escribir. Me gusta escribir, es tan solo una justificación a mi tendencia insana de encariñarme con cosas y personas, pero me gusta escribir. Me gusta escribir, lo escribiré en letras grandes en mi carne de identidad, en mi casa, en mis páginas, en mi cama, en mi mirada, y lo seguiré escribiendo.

Me gusta escribir-te. Aunque nunca llegues a leerme, aunque sea un punto difuso en tu existencia. Pero te pienso, quizás, demasiado a menudo. Te vuelvo a dar vida en mis teclas, hago que seas la pieza más importante del universo que constituyen mis letras. Hago que seas grande y que no tengas miedo. Hago que te sientas querido, que te duermas sobre mis emes y te columpies en mis tes. Y justo cuando pongo el punto final y sabes que me iré durante un tiempo, solo el necesario, porque no puedo dejar de pensarte, reviso si todo está en su sitio, si no te he ahogado con mis pensamientos y sentimientos, si sigues presente en todo esto. Después enciendo el mundo y te quedas ivernando y me siento egoísta por  guardarte como un tesoro secreto. Pero antes de que me lo reproches recuerda que a mí, solo a mí, me gusta escribirte. Y ojalá que algún día lo sepas.

jueves, 29 de septiembre de 2016

Vista al frente

Lo llaman karma, o "quien siembra vientos recoge tempestades". Me pregunto si el autor de la frase "la religión es el opio del pueblo" piensa lo mismo de todo esto. Aunque esté muerto, aunque solo pueda alcanzar a ver las nubes. Tengo una cosecha con mis mejores dientes de león en el nacimiento de mis cabellos. Las semillas quieren volar con el viento, quieren viajar y ver más y mejor. No puedo hacer que ninguna de ellas parezca estar en lo cierto, pero decidirán dónde irán a posarse, y espero que al menos una de ellas se agarre a alguna mente pensante. ¿Quién está equivocado? ¿El mundo... o yo? ¿El frío, mis emociones contenidas, o esa melodía de guitarra que consigue hacerte recordar, imaginar y mirar el mundo con una lente más vítrea?
Siempre voy curioseando y buscando respuestas que, aun sin ser obvias, casi llego a adivinar. Quizás esta sea una de esas respuestas. Pero hay veces que las respuestas no dejan más que un regusto a plástico barato en los labios. Tener las respuestas no cambia nada, no es la llave, hoy no es mi llave. Quizás el problema no sea intentar averiguar, sino intentar asimilar. Como en un círculo vicioso en el que estás sumergido, y dentro del cual, te engañas a ti mismo para pensar que no, que tus preguntas aún no tienen solución. Que nadie las ha respondido. No quieres dar el siguiente paso. No quieres admitir que ya lo sabes, que ya sabes lo que ocurre. No quieres agarrar la respuesta, te quema, arde en tus manos, te da miedo. Y por eso sigues pretendiendo hacer como que sigues buscando algo que ya encontraste hace años. Por eso sigues estancado en esto y en ciertas cosas de estructura similar. Es miedo. Es nadie. No es algo concreto, esta flecha nunca será certera, ya lo sabes. Son muchos blancos, pero a la vez no es ninguno. Nadie está equivocado. Pero jamás podrás salir de ahí si sigues quejándote de que tus engranajes son defectuosos. Apuesta por ellos. Quiérelos. No es una flecha. Es una vista al frente, con emociones sin censura, y un paso más hacia delante.

martes, 27 de septiembre de 2016

Proyecto sensible

Me quedaba con la esencia de esta, mi vida, e intentaba llevarles a todos un trozo de mis pegasos. Elvis sabía que los pegasos solo estarían donde yo estuviera, y por eso se los regalé, para que siempre me tuviera cerca, incluso ahora, esté donde esté, en su lucha contra los capitanes del mal que le quieren quitar el cielo.
No nací para arreglar nada, ni para dedicarme a mejorar los inventos de nadie. Nací para crear sentimientos, sensibilidad, y por un error afortunado, para crear a mi único y más perfecto prototipo sensible. Él no es perfecto porque yo lo haya creado. Es perfecto porque como creadora de tal prototipo, he logrado que mi creación, a su vez, pueda crear sensibilidad.
A veces, en mis momentos de soledad, abro el cajón de mi prototipo sensible, y con detenimiento vuelvo a observar todos y cada uno de los trazos a lápiz que lo llevaron a ser lo que es. Pero ya no es un simple prototipo, ahora es incluso más que un proyecto. Nunca más se sentirá llamado por mis letras, ya no funcionarán como la campana que eran antes. Ahora, por extraño que parezca, él tiene sus propias letras. Es casi emocionante pensar en que, tal vez, tenga en mente un nuevo prototipo. Nuevos proyectos sensibles.

sábado, 24 de septiembre de 2016

Anatomía de un abrazo

Estoy en una especie de carpintería fría y racional, pintando todos estos cerebros de madera fría y racional. Los colores no son aceptados en este trabajo, pero todos me dijeron que este camino es el más largo, el más duro, y por lo tanto, el que más me va a servir. Y no puedo evitarlo, así soy yo, por eso me entretengo pintándolo todo con mis colores, colores que no todos son capaces de ver. La anatomía de los abrazos, las palabras aterciopeladas, los números... tan irónicos, son un caso aparte, pero hay que lidiar con ellos. No he perdido la esperanza, jamás la perderé, quizás sea masoquista. 
Este es mi proyecto sensible, mi gran proyecto sensible, y debo llevarlo a cabo despacio, aunque note que el mundo está demasiado acelerado. Alguien me entregó hace poco el don de sonreír, ojalá supiera quién, porque me ha entregado un mundo. Por eso sonrío, supongo, a todas esas hormigas competitivas que se ríen de cosas que en mi mundo son los pilares de todo cuanto hay. En mi mundo de colores, todos esos pequeños gestos son lo que como y me meto en vena. En mi mundo no te vistes de MANGO: te vistes de lluvia, de primavera, de sonrisas. En mi mundo siento la inquietud de que sepan lo mucho que les quiero aunque en ocasiones no esté bien decirlo, aunque no sea del todo ético. En mi mundo mi corazón se siente lleno cuando alguien me sonríe de manera tierna, y me hace mostrar toda mi timidez. Allí, soy capaz de abrir mi mandíbula hasta límites inhumanos para sentirme plena de verdad, allí mis carcajadas son puras y desvergonzadas, allí salpico todos mis colores. Este es mi pequeño proyecto sensible: mostrar mi mundo a las personas que yo elija. No pretendo cambiar el movimiento de nuestro planeta, solo quiero acompañarlo de música, una música que solo puede compartirse a través de corazones.

miércoles, 27 de julio de 2016

Mañana

Sería idiota si creyese que esto lo lee alguien. Supongo que por eso escribo tantas tonterías y tantos desvaríos. Pero está bien, me viene bien escribir, y si no fuese aquí, lo haría en las últimas páginas de algún cuaderno, como siempre. Hay algo que me inquieta, porque según esta cosa, mi blog ha sido visitado 2940 veces. Vamos a dejárselo a Íker Jiménez.

Me suelo quedar pensando últimamente en que quizás lo de estar cerca de la mayoría de edad no es algo tan bueno como lo que parece a los catorce o a los quince. Que quizás aparentar justamente esa edad, no sea tan inconveniente como creía. Que aunque desee irme lejos, llevo a la espalda toda una vida aquí, pero que no tengo por qué guiarme por ella. Que quiero mejorar en muchas cosas demasiado rápido, y tengo que ponerme metas pequeñas. Y da miedo, da mucho miedo porque debo ser la persona con el futuro más incierto de... de al menos todo bachillerato. Una vez leí algo que decía "Las personas más interesantes que conozco no saben qué hacer con sus vidas incluso a los cuarenta años". Bien, eso me dice que soy interesante, ¿pero a qué precio? Preferiría ser una simplona con un oficio de esos que eliges a los tres años, y que intentas alcanzar hasta que lo consigues. Así al menos tendría mis metas más claras. Pero las mías son las metas típicas de un soñador con los pies en la Luna. Metas llenas de sentimiento, superación personal, evolución emocional... Nada que me hable de títulos universitarios. ¿Qué quieres hacer con tu vida? Aprovecharla a fondo, vivirla como la persona que quiero ser y junto a las personas que me quieran de esa forma. Tengo que comer, tengo que trabajar, tengo que dedicar mi tiempo a algo, pero ojalá supiera a qué. Ábreme los ojos, Íker...

domingo, 26 de junio de 2016

Casper y las fiestas

Hay mundos que no se deben mezclar, eso lo tengo muy claro. No puedes echar gasolina por toda la casita del árbol si sabes que vives cerca de un pirómano. Hasta ahí llego. Pero sé que hay cosas que pueden convivir a la vez sin provocar un incendio, aunque nadie me crea. Sé que con unas copitas de más y bajo el efecto de la música estridente y las luces parpadeantes, este fantasma puede lograr adoptar la apariencia de cualquier otra persona del local. No es ninguna locura darle alcohol a Casper, en absoluto. Tampoco es nada nuevo que Casper sepa contonear las caderas o toquetearse un mechón de pelo. Ella sabe moverse, aunque siempre vaya a negártelo. También sabe cómo jugar, aunque quizás necesite una ayudita con hielo para eso.
La cosa es que Casper ha crecido y el hecho de que no vaya por ahí gritándolo de sesenta y nueve formas diferentes, no significa que ella siga usando pañales. Ha visto lo suficiente como para tener una agenda mental con todo lo necesario para sobrevivir en ambientes de ese estilo. También ha visto lo suficiente como para interpretar cuándo la miran con condescendencia y cuándo se la comen con la mirada. Aún está en proceso de saber responder a cada una de esas miradas, pero más o menos sabe defenderse.
Quizás, muy a menudo, te comente que la música alta y las lucecitas sin sentido la ponen muy nerviosa. Y es totalmente cierto. Sin embargo, cuando se encuentra segura de que nadie la está observando, no puede evitar dejarse llevar por la melodía, sea la que sea. Y es que, ese bicho sensiblón que lleva dentro es débil a las ganas de bailar, o al ritmo de algo que lo inspire a moverse. Lo que está muy claro es que siempre preferirá mil veces más una lata de 330 ml de nestea a todas esas botellas de alcohol. Hay cosas que nunca cambian.

lunes, 6 de junio de 2016

Y a seguir siendo

Hay días en los que quiero seguir siendo, pero personas con vacíos desgarradores succionan la esperanza de mi corazón. Este tonto corazón peludo me grita que hable, que lo exteriorice, que saque todo lo que siento. Pero sé lo que va a pasar. Sé que mis emociones no son bienvenidas en este lugar y en estos momentos. Lo he dicho ya y lo seguiré diciendo muchas veces. El mundo rechaza de pleno a las palabras de sensibles como yo. Entonces, nosotros en nuestros momentos de desgarradora intimidad, nos hundimos, nos comemos la fuerza de aquello que llevamos dentro, y que succiona parte de nuestra felicidad hacia el agujero negro que creamos por guardarnos todo por lo que la sociedad se mofa. Porque los sentimientos cobran vida en nuestras entrañas, y se aferran a nosotros, pero nos golpean el pecho desde dentro pidiendo salir. Al dejar que se queden ahí dentro... las sombras del pasado tiñen nuestros recuerdos y la luz de la esperanza musita susurros ahogados al final de la calle, a lo lejos. Y seguimos siendo. Seguimos contando y cantando. De una manera más gris, quizás, pero lo hacemos. Aún así, todos nosotros sabemos que desde ese estado de triste resignación a tocar fondo hay un simple paso, una simple mirada, un abrazo salvavidas o una carcajada asesina. Y miras a tu alrededor y todos cruzan sus metas, se pintan como grandes luchadores, mujeres guerreras y hombres que soportan grandes pesos a su espalda. Piedras pesadas que llevan escritas las tragedias usuales de la vida, las rupturas de novatos y las alabanzas al dinero que ninguno tenemos. Lo que ellos no saben es que nosotros, algunas veces y algunos días, llevamos pendido del corazón el gran pesar de que no seremos entendidos, de que no seremos escuchados, de que no recibiremos compasión y de que toda esa corona de sentimientos que rodea nuestros cuerpos, y que va creciendo como algo bello que nos esmeramos en crear, regar y cuidar... no puede salir a que le dé la luz.
Pero nosotros, nosotros seguimos siendo así, como somos, aunque duela. Y seguiremos siendo.

domingo, 5 de junio de 2016

Sonrisas recíprocas en universos lejanos

Planto mi mirada en el papel virgen, que me agarra de los hombros y me besa, me besa hasta que cada poro de mi piel queda impregnado en él, como un sello íntimo y personal. Mi sello. El sello de una pobre soñadora que busca a tientas en la oscuridad la llave de la luz. Sí, la luz. Creo haber encontrado la clave para saber dónde está. Encenderla es otro paso.
Es curioso y casi terrorífico que en ocasiones, cuando me inspiro y dejo que todo salga en forma de cascada a través de mí, mis palabras sean creadas con tal facilidad y elegancia, que me parezca que ni siquiera soy yo misma la que las está pronunciando. Un algo en mi cajita, con cara de sabio y gafas que descansan en la punta de su nariz, parece ocuparse de dictarlas a la velocidad de la luz, para crear momentos mágicos de coordinación entre las palabras que se esfuman al momento. Me gusta capturarlas al vuelo, casi sin darme cuenta, metérmelas en la boca y saborearlas lentamente. Las hago mías, completamente mías, las entiendo y las mimo, como haría una madre con sus retoños. Y, después, dejo que se vayan volando hacia el desván de mis sueños.
Son estas pequeñas cosas llenas de magia, las que me hacen querer pensar que no soy la única que actúa así o que piensa así. Cómo me gustaría observar cómo se desarrolla este proceso delante de mis ojos, en otra persona que no sea yo. Sé, o me obligo a creer, que mis palabras acaban ascendiendo hacia el cosmos de las palabras creadas con delicadeza. Y sé también, que las mías acaban mezclándose y vendiéndose a las de otros soñadores como yo, que con las luces apagadas ven universos de sensibilidad coloreando sus bellas mentes.

martes, 10 de mayo de 2016

Ciegos

Fuisteis creados para ser y seguir siendo. Las pequeñas velas encendidas sobre vuestras almas parpadean a cada latido de vuestro corazón a un ritmo emocionante que muestra vuestra juventud y fiereza. Pero hoy y mañana seréis lo que vosotros queráis ser y seguir siendo. Miles de telarañas brillantes y delicadas son arrojadas a vuestros ojos, como tela de gasa inofensiva, que acaba penetrando en vuestras mentes y comiendo vuestro propio criterio. Abrid los ojos. No veáis lo que yo veo si no queréis verlo, pero sed conscientes de que existe. Han diseñado los escenarios de vuestras vidas de una forma tan... sutil. Tan bien ajustada a todo lo que creéis necesitar. Manos ladinas con el poder de manejar nuestras cabecitas. Manos que vosotros sustituis por vosotros mismos, en vuestro pensamiento. No, no lo habéis decidido vosotros. Nada de esto. Y yo tampoco. Pero ellos sí.
Vuestra vida es una línea, en el mapa de vidas intercaladas que siguen caminos tan semejantes... Pero no me disgusta eso. Me gusta. Lo que no me gusta es que no lo sepáis. Ojalá pudiera mostraros sin tapujos el arcoíris de sentimientos y sensaciones que mi todo puede soportar. Ojalá pudiera emocionarme más a menudo. Ojalá pudiera salvar a otro sensible como yo. Salvarlo de esto, de todo esto, que es tóxico y tan triste. Y tan gris. Y tan apagado... que da frío pensar cómo han anulado tales cosas. Cosas que hasta yo llamo cosas. Sensibilidad...

lunes, 18 de abril de 2016

Time waits for no one

Allí, en el fondo, me solían sentar en una silla giratoria tapizada de cuero. Tenía en frente un escritorio de madera de roble, lo suficientemente amplio como para que me pudiese tumbar sobre él en caso de inundación. Allí, en el fondo, era el objetivo de todas las luces que apuntaban hacia mí. Dejaba la barbilla bien alta, y cada vez que alguien comentaba algo que no me gustaba, balanceaba la cabeza de un lado hacia otro. Cuando hacía eso, las gotas de sudor aparecían en sus frentes, navegaban por sus rostros, y me daban a entender que sabían lo que iba a suceder. Allí, en el fondo, olía el miedo de todos los que se me acercaban. Porque era la dueña y señora de esa esquina, porque me bastaba enseñarles mi dentadura para alejarlos de mí. Bailaba sobre mi escritorio, saltaba sobre mi escritorio, les provocaba sobre mi escritorio. Y nadie, jamás, podría sacarme de ese lugar. Porque estaba segura y me sentía segura. Pero aquello no lo era todo, no era permanente. Me iban a sacar de allí, yo lo sabía. Mis armas eran solo eso: armas. Y ningún arma podía luchar contra el tiempo. El tiempo... me soplaba en la nuca. Me hacía encoger los hombros. Se colaba en mis ojos entre pestañeo y pestañeo. Y con la luz de una velita de cumpleaños, desperté un día, sentada en mi escritorio. Su tenue luz no era nada comparada con los focos que apuntaban hacia mí cuando querían tenerme vigilada. Pero lo que representaba esa vela, la hacía especial, importarte, algo digno de temer. Pisé la tarta de nata, chocolate y azúcar para mente y cuerpo hiperactivos. Sujeté la vela, superviviente de mis pisadas, apagada y exhausta, frente a mis ojos. Chillé, grité, y todos acudieron a ver qué es lo que me molestaba tanto. Vi sus caras asustadas de nuevo. Alguien se acercó a mí, despacio, con palabras suaves, cariñosas, un dado tranquilizante, pero susurrado. Me encogí sobre mi escritorio, sumisa aparentemente, pero cuando estuvo lo suficientemente cerca de mí, clavé la vela en su hombro. Hice de la vela mi arma. Pero ésta se partió. Vi cómo la cera partida caía al suelo, fuera de mi escritorio. "No puedes jugar con el tiempo". Sus palabras crearon un agujero negro de varios miles de kilómetros en mi interior que se extendía desde mi punto (0,0). Explosioné en silencio y de forma discreta y caí vencida en combate sobre mi escritorio. Las luces del techo hacían daño a mis ojos. Cogieron al animal y se lo llevaron entre todos. No opuse resistencia. Las luces fueron apagadas. Abandoné mi escritorio. Nunca más estaría segura. Y ahora sí, feliz cumpleaños.

https://www.youtube.com/watch?v=6CvuyaKmLnw

lunes, 1 de febrero de 2016

Bestia

¿Cómo te atreves a sonreírme de esa forma tan grotesca? ¿Cómo te atreves a cuestionar mis dotes como tejedora de palabras? Si en algún lugar de esa ciudad de puertas y cerrojos que tengo ahí arriba un engranaje se soltase, yo misma utilizaría mis manos para estrangular esa lengua cruel e imprudente que se asoma amenazante por tu boca. El caso es perder los estribos, la cabeza, soltarse el pelo y dejar que todo penetre en los poros de la piel. Pero es peligroso. No siempre deseo volver a la cordura después de eso. No siempre me pongo la correa después de que me hayan sacado a pasear en un paraíso inmenso de sensaciones. Y hay algo en mi interior, una bestia, un ser de luz, que cuando es despertado, me posee y hace conmigo lo que quiere. La indiferencia solo son sus cadenas. Pero trata de romperlas. Trata de desarmar mis esquemas de educación y cordura. Y entonces me convertiré en la bestia, un ser arrastrado por sus sentimientos hasta los límites más oscuros. La bestia no te va a comer, al contrario de lo que piensas. Pero sí te entregará su corazón peludo para que hagas con él lo que desees. Porque eso es lo que le encanta a la bestia: sentir. Le encanta que su núcleo se tambalee de emoción, le encanta vivir y seguir a sus pasiones de vez en cuando. Le encanta extender los brazos y abrazar la libertad. Le encanta abrazar, simplemente abrazar, para retener durante unos segundos a lo que quiere y prestarle parte de sus sentimientos... Siempre que el abrazo sea recíproco. Porque mi bestia es muy débil. Si la hieres lo más mínimo, llorará y aullará como una condenada. Se hará una bola de pelo y se cubrirá la cabeza para que no la dañes más. Cuando eso sucede, es tan difícil volverla a sacar afuera... Pero vuélvela a llamar con intención de quererla, y correrá hacia ti como un chucho. Es estúpida a veces, sí, pero no olvidemos su sensibilidad. Pocas personas sienten como ella y se emocionan como ella.

Carol ✰❤(^ω^)❤✰