jueves, 29 de septiembre de 2016

Vista al frente

Lo llaman karma, o "quien siembra vientos recoge tempestades". Me pregunto si el autor de la frase "la religión es el opio del pueblo" piensa lo mismo de todo esto. Aunque esté muerto, aunque solo pueda alcanzar a ver las nubes. Tengo una cosecha con mis mejores dientes de león en el nacimiento de mis cabellos. Las semillas quieren volar con el viento, quieren viajar y ver más y mejor. No puedo hacer que ninguna de ellas parezca estar en lo cierto, pero decidirán dónde irán a posarse, y espero que al menos una de ellas se agarre a alguna mente pensante. ¿Quién está equivocado? ¿El mundo... o yo? ¿El frío, mis emociones contenidas, o esa melodía de guitarra que consigue hacerte recordar, imaginar y mirar el mundo con una lente más vítrea?
Siempre voy curioseando y buscando respuestas que, aun sin ser obvias, casi llego a adivinar. Quizás esta sea una de esas respuestas. Pero hay veces que las respuestas no dejan más que un regusto a plástico barato en los labios. Tener las respuestas no cambia nada, no es la llave, hoy no es mi llave. Quizás el problema no sea intentar averiguar, sino intentar asimilar. Como en un círculo vicioso en el que estás sumergido, y dentro del cual, te engañas a ti mismo para pensar que no, que tus preguntas aún no tienen solución. Que nadie las ha respondido. No quieres dar el siguiente paso. No quieres admitir que ya lo sabes, que ya sabes lo que ocurre. No quieres agarrar la respuesta, te quema, arde en tus manos, te da miedo. Y por eso sigues pretendiendo hacer como que sigues buscando algo que ya encontraste hace años. Por eso sigues estancado en esto y en ciertas cosas de estructura similar. Es miedo. Es nadie. No es algo concreto, esta flecha nunca será certera, ya lo sabes. Son muchos blancos, pero a la vez no es ninguno. Nadie está equivocado. Pero jamás podrás salir de ahí si sigues quejándote de que tus engranajes son defectuosos. Apuesta por ellos. Quiérelos. No es una flecha. Es una vista al frente, con emociones sin censura, y un paso más hacia delante.

martes, 27 de septiembre de 2016

Proyecto sensible

Me quedaba con la esencia de esta, mi vida, e intentaba llevarles a todos un trozo de mis pegasos. Elvis sabía que los pegasos solo estarían donde yo estuviera, y por eso se los regalé, para que siempre me tuviera cerca, incluso ahora, esté donde esté, en su lucha contra los capitanes del mal que le quieren quitar el cielo.
No nací para arreglar nada, ni para dedicarme a mejorar los inventos de nadie. Nací para crear sentimientos, sensibilidad, y por un error afortunado, para crear a mi único y más perfecto prototipo sensible. Él no es perfecto porque yo lo haya creado. Es perfecto porque como creadora de tal prototipo, he logrado que mi creación, a su vez, pueda crear sensibilidad.
A veces, en mis momentos de soledad, abro el cajón de mi prototipo sensible, y con detenimiento vuelvo a observar todos y cada uno de los trazos a lápiz que lo llevaron a ser lo que es. Pero ya no es un simple prototipo, ahora es incluso más que un proyecto. Nunca más se sentirá llamado por mis letras, ya no funcionarán como la campana que eran antes. Ahora, por extraño que parezca, él tiene sus propias letras. Es casi emocionante pensar en que, tal vez, tenga en mente un nuevo prototipo. Nuevos proyectos sensibles.

sábado, 24 de septiembre de 2016

Anatomía de un abrazo

Estoy en una especie de carpintería fría y racional, pintando todos estos cerebros de madera fría y racional. Los colores no son aceptados en este trabajo, pero todos me dijeron que este camino es el más largo, el más duro, y por lo tanto, el que más me va a servir. Y no puedo evitarlo, así soy yo, por eso me entretengo pintándolo todo con mis colores, colores que no todos son capaces de ver. La anatomía de los abrazos, las palabras aterciopeladas, los números... tan irónicos, son un caso aparte, pero hay que lidiar con ellos. No he perdido la esperanza, jamás la perderé, quizás sea masoquista. 
Este es mi proyecto sensible, mi gran proyecto sensible, y debo llevarlo a cabo despacio, aunque note que el mundo está demasiado acelerado. Alguien me entregó hace poco el don de sonreír, ojalá supiera quién, porque me ha entregado un mundo. Por eso sonrío, supongo, a todas esas hormigas competitivas que se ríen de cosas que en mi mundo son los pilares de todo cuanto hay. En mi mundo de colores, todos esos pequeños gestos son lo que como y me meto en vena. En mi mundo no te vistes de MANGO: te vistes de lluvia, de primavera, de sonrisas. En mi mundo siento la inquietud de que sepan lo mucho que les quiero aunque en ocasiones no esté bien decirlo, aunque no sea del todo ético. En mi mundo mi corazón se siente lleno cuando alguien me sonríe de manera tierna, y me hace mostrar toda mi timidez. Allí, soy capaz de abrir mi mandíbula hasta límites inhumanos para sentirme plena de verdad, allí mis carcajadas son puras y desvergonzadas, allí salpico todos mis colores. Este es mi pequeño proyecto sensible: mostrar mi mundo a las personas que yo elija. No pretendo cambiar el movimiento de nuestro planeta, solo quiero acompañarlo de música, una música que solo puede compartirse a través de corazones.