lunes, 27 de marzo de 2017

METAMORFOSIS

Después de la tormenta viene el brote multicolor de inspiración. Me declaro culpable de mis hormonas, de mi edad, de mis manos, y hoy no tanto de mis labios. Hace tiempo que me preguntaba si todo aquello que leía me sería vetado toda la vida del plano real, si estaba condenada a observar la vida de personajillos ajenos que nadan en el acuario de libros que de vez en cuando me meto en vena para anestesiarme de esto, de ti. Grave error, te lo aseguro. Te lo dice la idiota que pensaba censurar su cuerpo con piernas, brazos, uñas y dientes, para defender los intereses de sus crueles complejos. He fallado en mis predicciones. Los complejos solo son guijarros que golpean con timidez las ventanas de mi voluntad. Se han hecho un grupo de ridículas hormigas que no saben como arañarme el pecho, no saben como derribarme. Porque mis pies estaban tan sujetos al camino de tu sonrisa, a seguir adelante y hallar más de ti. Y pensaba que iba a ser tan diferente, tan diferente que aún pienso que vivo en uno de mis capítulos de metafórica celulosa. Amigos, amigas, era todo mentira. La vida te pega dos ostias y te sonríe como la criatura odiosamente sabia que es.
Así que, culpable de mis divagaciones, trepa libremente por mi cuerpo y líbrame de este maldito cinturón de seguridad que me mantiene atada a mis miedos más cementados. Hazlo, porque no creo que nadie más tenga la habilidad de poder hacerlo.

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