domingo, 26 de marzo de 2017

Save me from myself

Mi querida Ivory era una total inexperta en el tema de socializar. Prefería escaquearse de ceremonias sociales y aparentar un fingido bienestar estando al margen de todo ello. Sin embargo, tras haber hecho daño a un par de corazones maltrechos, se revolcaba en su propia miseria y se culpaba a sí misma de sus conductas cobardes y evasivas. Se martirizaba, se clavaba los puñales de la culpa de tres en tres, taponaba todas las entradas por las que su sucio cuerpo intentaba respirar. Y se ahogaba, se ahogaba tanto y tan hondo. A veces le dolía subsistir. Entonces, cuando nadie podía verla, se agazapaba contra las esquinas más oscuras de su ser, y probaba suerte con todo lo que la autodestruía. Era difícil, pero posible, verla por la noche, en la penumbra, dejando escapar un humo espeso y aromático de los labios, que se iba elevando hacia sus estrellas confidentes. Necesitaba no sentir, porque en aquellos momentos, solo era capaz de sentir un inexplicable dolor que le taladraba el pecho y le arrebataba su esencia.

-- No puedo entender que no seas capaz de sostener la situación. -- susurraba Déibel cuando la veía distante, con la mente viajando por galaxias lejanas. -- Te creía más fuerte.

-- Es una larga cadena, todos llevamos una pendida de aquí -- y se señalaba el pecho --. La mía pesa demasiado, pero quiero seguir llevándola.

Entonces Déibel se acercaba a ella y le apretaba la mano.

-- Quizás podamos llevarla juntos.

Ivory lo miraba en silencio, mientras los pájaros de su cabeza trazaban nuevos planes para el nuevo aprendiz.

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