miércoles, 26 de abril de 2017

Mi vida: ciencias o letras

Trepando por tus enredaderas, choqué contra tus dedos pringados de promesas azucaradas. Vi en ti el rostro de los que se hacen llamar ganadores, pero los llantos de tus naúfragos atentaban contra la calma que querías darme. Estaba en casa pero hacía años que había aprendido a fugarme sin que nadie se diese cuenta, con los ojos clavados como estacas en algún punto del rebaño conformista. El miedo, mi fiel compañero mochilero, se había tomado demasiadas confianzas. Solíamos pasear de la mano por tus callejuelas añejas mientras nos reíamos de un pasado demasiado cercano. Cometíamos ese error una y otra vez, pero aquella falsa felicidad nos mantenía ebrios y atentos a tus caprichos.

No sé en qué punto se acabó el espectáculo, pero supe que no me quedaba mucho tiempo, porque tus calles se estrechaban más y más a cada paso que daba, y el conflicto interior, por el contrario, se ensanchaba. Corría sola entonces en una carrera a contrarreloj que no hacía más que mofarse de mis principios. Corría, más que nada, para huir de mi posible destino como naúfraga, pero tenía los tobillos hundidos entre mentiras y palabras de ignorantes.

Fue un día, mientras corría, cuando me di cuenta de lo bella que eres y tu magia, tu música, tus colores, me proporcionaron la calidez necesaria para salvarme unos segundos del ahogo colectivo. Fue esa dosis de emoción la que sirvió de pilar para sostener mis intereses del ahora. Escogí el desvío más cercano al dolor, un dolor intenso que se me comía por dentro, pero de deliciosas consecuencias. Seguí mi carrera por aquel sendero melódico, que me atraía, me abrazaba, me hería, pero me mantenía viva y en mi esencia. No era comprendida, pero no necesitaba serlo: la recompensa era suficiente.

Mientras me hacía cada vez más sensible a tales sensaciones, fui descubriendo, a su vez, aquello que había estado labrando durante todos mis años como una oveja más. Realmente, tenía potencial de sobra para sobrevivir en tales situaciones. Pero entonces me di cuenta de lo que conllevaba sobrevivir, y me sentí tan vacía. El sendero emotivo y lírico era el que me daba la vida y me llenaba por dentro.

Es en este punto en el que me encuentro ahora.

martes, 11 de abril de 2017

Endless

Realmente, aquel día había llegado hacía tiempo ya, pero el calendario aportaba la prueba necesaria para que no quedase duda alguna. Ya no era el espejo, ya no era su cuerpo. Ahora era ella, y no en potencia, sino en acto, dejando entrever todo cuanto nos había escondido durante dieciocho años. Leía en sus ojos y en ojos ajenos lo que podía llegar a transmitir, era consciente de sus habilidades y de sus debilidades, y de cómo enfocar todo ello para lograr un conjunto estable. Su camino había tomado nuevas direcciones: sus objetivos ya no eran tan individualistas. Consciente del impacto que toda ella podía provocar, deseaba teñir a su gusto todo aquello a lo que se creía capaz de sacar partido. Y quizás por eso, las novedades no tardaron en llamar a su puerta. Sacó entonces la conclusión de que, una vez te involucrabas en algo, una vez que apostabas por integrarte, aunque fuese parcialmente, la vida te recompensaba con nuevos rompecabezas que resolver, nuevas emociones que procesar. Y ella nunca se imaginó que vivir fuese a ser algo tan increíble, emocionante, desafiante.
Por eso, mientras paseaba rozando los barrotes de cierta barandilla de mármol, se sentía el ser más afortunado del mundo, y ya no solo por ser conocedor de todo lo anterior, sino por haber tenido la oportunidad de empezar a vivir. A vivir de verdad.